Archivo de abril, 2012

Recuperar la vista

18/04/2012, www.abc.es

Recuperar la vista en personas invidentes es uno de los retos más apasionantes de la investigación científica. Ahora, según un pequeño estudio que se publica en Nature, parece estar más cerca. Un equipo de científicos del Instituto de Oftalmología del University College London (Gran Bretaña) han demostrado, por primera vez, que el trasplante de fotorreceptores sensibles a la luz, en los ojos de ratones con deficiencias visuales, pueden restaurar su visión.

La investigación sugiere que el trasplante de fotorreceptores sensibles a la luz -las células nerviosas que bordean la parte posterior del ojo- podría constituir la base de un nuevo tratamiento para restaurar la vista en personas con enfermedades oculares degenerativas.

El trasplante de células es una estrategia potencial para el tratamiento de la ceguera causada por la pérdida de fotorreceptores. Aunque se sabía que con el trasplante de células precursoras de varilla éstas migran hacia la retina en ratones adultos y son capaces de adquirir las características especializadas de las células fotorreceptoras maduras, aún no se había demostrado que el trasplante de estas células puede mejorar realmente la visión.

Células sanas

Los investigadores inyectaron células de ratones sanos jóvenes, directamente en las retinas de ratones adultos que carecían de fotorreceptores de varilla funcionales -la pérdida de fotorreceptores es causa de ceguera en muchas enfermedades humanas de los ojos, como la degeneración macular relacionada con la edad, la retinitis pigmentosa, y la ceguera relacionada con la diabetes-. Después de cuatro a seis semanas, las células trasplantadas parecían funcionar casi tan bien como los fotorreceptoras de varilla normales, y habían formado las conexiones necesarias para transmitir información visual al cerebro.

Los investigadores también probaron la visión de los ratones tratados, en un laberinto con poca luz, observando que los ratones con un tipo de células -denominadas de bastón- recién trasplantadas, eran capaces de utilizar una señal visual para encontrar rápidamente una plataforma escondida en el laberinto, mientras que los ratones no tratados, fueron capaces de encontrar la plataforma oculta sólo por casualidad, después de una extensa exploración del laberinto.

Para Robin Ali, quien dirigió la investigación, estos resultados demuestran, «por primera vez, que las células fotorreceptoras trasplantadas pueden integrarse con éxito en los circuitos de la retina y mejorar así la visión. Tenemos la esperanza de que, pronto, seremos capaces de replicar este éxito con fotorreceptores derivados de células madre embrionarias y, con el tiempo, desarrollar ensayos en humanos».

Los autores reconocen que muchas otras medidas son necesarias antes de que estos hallazgos pueden ser traducidos a la clínica, pero ponen de relieve que el trabajo demuestra que el trasplante de fotorreceptores de varilla se puede integrar con éxito en los circuitos de retina mejora la visión.

URL: www.abc.es/salud/noticias/recuperar-vista-11807.html

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Visita a la exposición del XI concurso fotográfico organizado por la ONCE

Donostia, 20 de abril del 2012

El pasado viernes 20 de abril, un grupo de amigos de Begisare nos acercamos a la sala KUTXA del Boulevard donostiarra donde se expusieron 72 de las más de 1500 obras recibidas con motivo de la XI edición del concurso internacional de fotografía que celebra la Once.

Pudimos ver imágenes de personas en distintas situaciones de superación de la discapacidad y de adaptación del ser humano ante ciertas adversidades.

Posteriormente nos dirigimos a la Parte Vieja donostiarra para hacer una ruta de pintxos por sus múltiples bares y tabernas.

Lentes intraoculares amarillas

Dr. Rubén Pascual

Las lentes intraoculares son implantes que introducimos dentro del ojo durante una cirugía. La modalidad más utilizada de lente intraocular es la que se empleada durante la cirugía de catarata. La catarata es la opacificación del cristalino, que es nuestra “lente natural” que tenemos por detrás del iris y por delante del gel vítreo. Esta pérdida de transparencia dificulta la visión, y al extraer la catarata volvemos a tener las condiciones de transparencia deseadas. Pero por otra parte el cristalino cumple una misión en el ojo: es una lente que hace converger los rayos de luz en la retina. Si eliminamos sin más el cristalino, la imagen llegará desenfocada a la retina. Normalmente el individuo se vuelve fuertemente hipermétrope. Eso ha hecho necesario el desarrollo de lentes capaces de sustituir al cristalino: son implantes transparentes que permiten converger la luz en la retina.
Existe una modalidad de cirugía técnicamente idéntica pero conceptualmente diferente: la llamada cirugía de cristalino transparente. Consiste en exactamente lo mismo: quitar el cristalino y sustituirlo por una lente intraocular. Pero el problema no era la pérdida de transparencia: el paciente no acude por dificultades visuales al opacificarse su cristalino. Se trata de intentar corregir un problema de graduación: miopía, hipermetropía, astigmatismo, vista cansada. También le he dedicado un artículo. Es un tipo de cirugía refractiva.

En cualquiera de los dos casos cambiamos una lente natural (cristalino) por una lente artificial que se coloca en el mismo lugar que antes estaba el cristalino. Existen también otras lentes intraoculares que se utilizan sin tener que quitar el cristalino, por delante de éste (entre el cristalino y el iris, o bien delante del iris). De ello también hemos hablado.

Para el artículo de hoy vamos a centrarnos en las llamadas lentes pseudofáquicas, las que colocamos sustituyendo al cristalino. Son las más utilizadas y las que más experiencia acumulan.

La hipótesis de la fototoxicidad retiniana

Dejamos aparcado el tema de las lentes intraoculares un momento, luego lo retomamos. Recientemente hemos hablado de una enfermedad muy frecuente e importante en nuestro medio: la degeneración macular asociada a la edad. Es un deterioro de la parte central de la retina que puede llegar a causar pérdidas graves de visión. No tenemos un tratamiento ni una forma eficaz de prevenirla, es muy frecuente a partir de los 60 años y su incidencia va en aumento. Existe por tanto una demanda muy alta para buscar soluciones.

Decíamos hace unos meses que se ha intentado buscar solución a través de complementos nutricionales, con un resultado más bien escaso. Hay otra hipótesis de trabajo bien diferente: la radiación de alta energía produce un daño (estrés oxidativo) en la retina; concretamente en el epitelio pigmentario y los fotorreceptores. Estos supuestos se han demostrado en el laboratorio: la radiación electromagnética del espectro visible y ultravioleta induce cambios metabólicos en estas células retinianas, y a partir de cierto umbral de luz, producen la muerte celular. Estas células son precisamente las implicadas en la enfermedad.

Así se deduce que la exposición crónica a esta radiación luminosa produce, o por lo menos es un factor determinante, en la aparición de la degeneración macular asociada a la edad. Es cierto que no tenemos una demostración empírica o clínica directa que establezca la relación causa-efecto, pero la hipótesis es razonable y los indicios de daño retiniano agudo en animales de experimentación lo apoyan.

¿Cuál es la radiación que más daño produce?. La más energética, la que es capaz de transmitir más energía a las moléculas de estas células retinianas. La energía de una radiación electromagnética es inversamente proporcional a la longitud de onda, así que son las de longitud más corta las más peligrosas. En primer lugar, los rayos ultravioleta. Y dentro del espectro visible, los colores en el espectro del violeta y el azul.

Por lo tanto, la hipótesis de la fototoxicidad (toxicidad de la luz) retiniana plantea que la luz ultravioleta y la del espectro del azul contribuye activamente en la aparición de la degeneración macular asociada a la edad.

Un concepto muy extendido

Aunque esta hipótesis de la fototoxicidad la voy a usar para un ejemplo muy concreto (las lentes intraoculares), realmente es una idea ampliamente aceptada que afecta a muchos ámbitos. Mientras estaba recopilando artículos para este post, un amable internauta (gracias Jesús) me mandó una noticia que tiene que ver con la seguridad de la luz azul. En concreto se desaconsejaba la utilización de LEDs en entornos de alta exposición y en lugares donde haya niños.

Un LED habitualmente produce una luz con un componente del espectro azul muy alto en comparación con las bombillas tradicionales de incandescencia o halógenas. Y habla especialmente de los niños porque considera que la retina de éstos es más susceptible al daño fototóxico.

La solución: lentes protectoras

Volvemos a las lentes intraoculares pseudofáquicas, esos implantes que colocamos en sustitución del cristalino. Durante décadas las hemos puesto transparentes, dejando pasar toda la luz visible. Desde hace relativamente pocos años se comercializan también unas lentes con un filtro que impide parcialmente el paso de la luz en un rango cromático concreto: es decir, algunas longitudes de onda pueden atravesar la lente libremente, mientras que otras pasan con más dificultad. Concretamente, el filtro es para la radiación del espectro más energético, el del azul. Son lentes “bloqueadoras del azul”. No bloquea totalmente la entrada de este color, lo hace en un porcentaje importante pero el sujeto no se ve impedido para “ver” ese color.

Una lente que filtra el color azul es de color amarillo. Eso es porque si a la luz blanca (que, simplificando, contiene una mezcla de todo el espectro visible), le quitamos la gama de los azules, obtenemos el color amarillo.

Aplicando la idea fuera del ojo

Utilizando el mismo concepto, existen gafas amarillas para proteger la retina. Se trata de lo mismo: frenar la radiación más energética del espectro visible para evitar que entre en el ojo. Se suele indicar en personas con problemas en la mácula, tanto en la degeneración macular asociada a la edad de la que hablábamos antes, como en otras enfermedades del centro de la retina.
Como también existe la hipótesis de que la radiación lumínica de alta energía contribuye a la aparición de catarata, estas gafas amarillas también se promocionan como protectoras frente a la catarata.

Devolviendo “el estado natural”

Hay otro argumento más que utilizan los defensores de las lentes amarillas. El cristalino, la “lente intraocular” propia del ojo en su estado natural, no es exactamente transparente, o no tan transparente como una lente intraocular artificial. También es un filtro para la luz azul. Durante los primeros años de nuestra vida apenas bloquea la luz azul, pero conforme envejecemos los cambios degenerativos del cristalino van aumentando este filtro. Esto ocurre muy precozmente y es visible en la lámpara de hendidura: en un cristalino de 20 años vemos una tenue coloración verdosa o verdeamarillenta, que no tiene el cristalino de un niño. Con 40-50 años, cuando en un ojo sano no hablamos todavía de cataratas y la visión suele ser muy buena (de lejos), ya podemos ver un cristalino con una tonalidad entre amarillo y verde, con bastante claridad.

Conforme envejecemos y nos hacemos susceptibles a la aparición de la degeneración macular asociada a la edad, el cristalino frena con más eficacia la luz azul. Puede parecer (y ese argumento lo he leído varias veces) que la evolución nos ha dotado de un mecanismo defensivo: nuestro propio cristalino protegería la retina de la luz dañina en la época de la vida donde la retina es más susceptible a degenerar.

Siguiendo este razonamiento, la cirugía de catarata y de cristalino transparente nos priva de este protector frente a la luz azul. Así la retina, en la época que más necesitaría de protección, se ve expuesta y por tanto favoreceríamos la aparición de la enfermedad.

Por eso, una lente con filtro azul puede entenderse como más próximo a “lo natural”, a cómo se comporta un cristalino. De hecho algunas de estas lentes tienen en su denominación comercial el término “natural”, resaltando esto.

Pero hay más

Este artículo parece una defensa de las lentes amarillas, pero la verdad es que todavía quedan muchas cosas en el tintero. Eso lo dejamos para próximos artículos.

Seguimos hablando de las “nuevas” lentes intraoculares que bloquean parcialmente la luz. Entrecomillo lo de “nuevas” porque ya llevan unos años en el mercado, y el número de personas que las llevan implantadas en los ojos es ya muy grande. Como decíamos en el artículo anterior, la idea de utilizar esta modalidad amarilla de lentes frente a las totalmente transparentes es proteger a la retina de los rayos visibles más energéticos. Suponiendo que de esta manera podemos prevenir o frenar en cierta medida la degeneración macular asociada a la edad.

Un encendido debate

A lo largo de estos últimos años se han sucedido una multitud de artículos en la bibliografía científica, unos a favor y otros en contra. Las revistas de oftalmología han conseguido “engancharnos” en una especie de “culebrón” en donde, tras un artículo que parecía darnos argumentos sólidos para decantarse en un sentido, al mes siguiente otro artículo decía lo contrario. Lo curioso de todo es que estos artículos no pretendían ser simplemente “la opinión de un experto”, sino que eran revisiones serias de la evidencia científica.

El debate todavía está ahí, y han salido muchos temas en él. Voy a intentar resumir al máximo las conclusiones que podemos sacar hasta ahora, por lo menos las evidencias científicas que admiten ambas partes.

Posibles beneficios adicionales de las lentes amarillas

Inicialmente se especuló con que el filtro podía mejorar la calidad visual en diferentes aspectos como el deslumbramiento o algunas aberraciones visuales. Algunos estudios iniciales apuntaban esta posibilidad, pero parece que actualmente están descartados. Los defensores de estas lentes ya no utilizan este argumento (por lo menos en publicaciones científicas).

Pérdida en la percepción visual

La información lumínica en el espectro de colores de los azules y violetas se ve afectada por el filtro de la lente intraocular. La cantidad de fotones de estas longitudes de onda llegan en menor cuantía a la retina. Durante bastante tiempo a lo largo de este debate, éste ha sido el argumento más importante esgrimido por los detractores del uso de las lentes amarillas: para buscar un beneficio que no está probado, provocamos un perjuicio.

La visión con poca luz (llamada escotópica) requiere un uso mayor del espectro de longitud de onda corta que frenan estas lentes. Se ha postulado que las lentes amarillas dificultan nuestra visión en la oscuridad. También se ha hablado de la sensibilidad al contraste y la percepción de colores.

Posteriormente se han realizado estudios para conocer la relevancia clínica de la pérdida de información lumínica en la gama del azul-violeta. Esta pérdida “física” de información es incuestionable: a la retina llega menos luz azul. Pero las implicaciones “reales” (es decir, cambios relevantes en el individuo) estaban por demostrarse.

Pues estos estudios no muestran un deterioro claro de estos parámetros (pérdida de visión escotópica, sensibilidad al contraste, etc) en sujetos que llevan lentes amarillas. Si bien hay esa “pérdida” a nivel de fotorreceptores, hay mecanismos reguladores en el ojo que suplen el déficit. Por otra parte, en contextos “reales” (es decir, no haciendo test mirando bandas de azules, sino imágenes de un entorno normal: la calle, una habitación, una carretera, etc) la pérdida de una parte de la luz azul no ha demostrado ser tan relevante. Digamos que con esas lentes se ve “diferente”, pero no definitivamente “peor”.

De esta manera, los detractores de las lentes amarillas se han quedado sin una parte importante de sus argumentos. No se ha demostrado una peor calidad visual. El ojo “se las arregla” de alguna manera aunque le quitemos algo de información. Aunque es difícil de discutir que algo de visión escotópica puede perderse, hasta que haya nuevas pruebas empíricas debemos considerar esta pérdida como insignificante o por lo menos poco significativa.

Alteración de los ritmos circadianos

En los párrafos anteriores hablábamos de la visión consciente, pero nuestros ojos no sólo sirven para ofrecer información visual a nuestro cerebro consciente. También colabora activamente en el mantenimiento del ritmo circadiano. Este ritmo es una especie de reloj biológico que lleva los ciclos de sueño y vigilia. Las alteraciones de este ritmo producen insomnio, alteraciones en la esfera emocional, bajo rendimiento, etc.

Hay unas células en la retina (sobre las que ya hablé hace más de dos años) que captan la luz pero no forman imágenes ni transmiten a la parte consciente del cerebro. En un entorno natural es una forma en la que los circuitos involuntarios del cerebro se enteraban de cuándo era de día y cuándo de noche. Estas neuronas de la retina, un subtipo de células ganglionares, se estimulan principalmente con luz azul.

Antes de toda esta controversia ya se hipotetizaba sobre el tema. Había indicios de que el bloqueo de luz azul debido al envejecimiento del cristalino producía insomnio y otras alteraciones relacionadas con el ritmo circadiano. Tras la intervención de cataratas, al volver a llegar la luz azul, estos síntomas remitían.

Aunque hay una base teórica bastante firme para argumentar que las lentes amarillas pueden afectar al ritmo circadiano, no hay pruebas que lo afirmen. Al contrario que pasaba con la percepción visual, donde de momento los estudios muestran unos resultados similares entre lentes transparentes y amarillas, aquí faltan estudios. Hay ensayos en animales de experimentación que quieren apuntar a que no hay diferencias. Pero su efecto en humanos es una incógnita. Puede que simplemente no haya tal efecto porque el filtro azul de estas lentes es más suave que el bloqueo que produce la catarata. O puede que si que lo haya, pero no hay estudios suficientemente grandes y bien diseñados para poder demostrarlo.

La fototoxicidad retiniana

Es el argumento principal de los defensores de las lentes amarillas. Se trata de asumir algún posible efecto secundario, insignificante por lo que se sabe hasta ahora, a cambio de un beneficio potencial. El daño en la retina, demostrado de forma experimental para dosis altas y exposiciones cortas, aporta a esta hipótesis una serie de indicios, unos mecanismos por los que un daño crónico puede producirse.

Sin embargo (y este símil está sacado de uno de los artículos) es como estudiar los cambios crónicos del calor de la piel, y utilizamos como modelo una escaldadura. No es lo mismo. Como forma de experimentación inicial, para conocer cómo responde la retina a la energía luminosa está bien. Pero no confundamos una investigación básica con una aplicación en la práctica.
Sin embargo tenemos estudios epidemiológicos que sí nos aportan información más práctica y sólida. Tenemos un “filtro amarillo” natural que frena esta radiación de alta energía en mayor cuantía que las lentes amarillas. Hablo de la catarata. Hay diversos estudios que comparan la aparición y progresión de la degeneración macular asociada a la edad en individuos operados de cataratas (desprotegidos contra esta radiación luminosa), frente a otros individuos (en la misma población, edad, hábitos, etc) con la catarata. Y la enfermedad no aparece o progresa en mayor medida tras la operación. Si con un filtro “fuerte” como es la catarata no frena la progresión de la enfermedad, difícilmente podemos esperar que un filtro “suave” como la lente amarilla vaya a hacer algo.

Con lo cual, con las pruebas de las que disponemos hoy en día, debemos inclinarnos a que la hipótesis de la fototoxicidad es falsa.

El pseudoargumento de “lo natural”

Todavía se sigue esgrimiendo lo de devolver el estado natural al ojo mediante la lente amarilla. Y creo que es el razonamiento más débil de todos. No se sostiene que la evolución nos haya provisto del filtro amarillo para proteger nuestra retina, por dos razones principales:
• Como decíamos antes, no protege de nada: la exposición crónica a la radiación visible de alta energía no produce deterioro de la mácula. Al quitar el cristalino no aumenta la incidencia de la enfermedad.
• Aunque eso fuera cierto, la degeneración macular asociada a la edad aparece mucho tiempo después de la edad reproductiva. No tiene sentido hablar de mecanismos de adaptación ni de que la evolución ha favorecido el “amarilleamiento” del cristalino.

¿Tiene sentido por tanto perseguir lo natural?. Lo natural con el envejecimiento es que se deterioren las articulaciones y nos duelan. Si recambiamos una articulación natural por una prótesis, no procuramos que la nueva también nos duela y se mueva con dificultad. Cuando el envejecimiento de un tejido o un órgano produce una merma de su función, buscamos una solución, no imitamos ese comportamiento natural.

Pues eso es lo que le pasa al cristalino: al envejecer se vuelve amarillo y nos dificulta ver en la gama de los azules. Este cambio no se ha demostrado ser beneficioso para nada. ¿Tiene sentido que el “cristalino artificial” también nos prive de parte de la luz azul?

Multitud de detalles

El uso de lentes transparentes es masivo desde hace muchas décadas, así que conocemos su comportamiento en multitud de cuestiones. ¿Cómo de estable es la óptica de la lente 10 ó 20 años después de implantada?. ¿Cómo responde frente a diversas agresiones, como una inflamación ocular, o el láser (cuando realizamos una capsulotomía, a veces se puede impactar en la lente)?

No tenemos experiencia a largo plazo sobre las lentes amarillas. No sabemos qué pasará con los “cromóforos” (los elementos que bloquean la luz azul) de las lentes en condiciones reales, dentro de 10 años, o frente a diversas agresiones o cambios.

<b>Actualización 2/4/2012: Como bien comentan en los comentarios del artículo (gracias Ramón), existen también otras dudas. Los estudios que pretenden demostrar una calidad visual similar entre lentes transparentes y amarillas se han realizado en sujetos sanos. Esa adaptabilidad retiniana que permite que la menor información lumínica no perjudique la percepción, la debemos entender en principio para personas sanas, ojos sanos, retinas sanas. Una degeneración de cualquiera de las células implicadas directamente en el proceso podría suponer que poner una lente amarilla implica perjudicar su visión. El ejemplo puesto en el comentario de la retinosis pigmentaria es muy adecuado. En esta enfermedad los fotorreceptores van muriendo progresivamente. Esa “redundancia de fotorreceptores” que nos permitiría adaptarnos bien a la pérdida relativa en la banda azul ya no existe. Estamos al límite, porque los fotorreceptores están muriendo. En especial los bastones que son los que se mueren antes y en mayor proporción y precisamente se estimulan principalmente con el color azul. El razonamiento biológico, a falta de experiencia, nos debe hacer pensar que las lentes amarillas no son adecuadas para esta enfermedad. Y lo mismo podríamos razonar para otras enfermedades de la retina. Pero no solo es razonable evitar estas lentes cuando hay estas enfermedades. Nos quedan incertidumbres: ¿Y si aparecen enfermedades de este tipo tras la cirugía?. Estas lentes no son como las gafas o lentillas, no se quitan con facilidad. Por otra parte, no son pocos los centros y hospitales que ya no disponen de lentes transparentes. No tienen opción de poner otras que no sean amarillas.
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Conclusiones

No hay beneficios demostrados para utilizar las lentes intraoculares amarillas. Tampoco hay perjuicios demostrados por usarlas, aunque quedan algunas incógnitas:
• Faltan estudios para determinar con más claridad que los ritmos circadianos no se ven afectados.
• Comportamiento de estas lentes a largo plazo.
• Aunque en los estudios actuales la pérdida de luz azul es en la práctica poco significativa, el tema está todavía abierto: es razonable pensar que para algunas actividades y determinadas personas, puede haber cambios relevantes en la percepción. Act 2/4/2012: Principalmente en ojos con enfermedades, principalmente retinianas.

A un oftalmólogo que se decante a implantar lentes intraoculares amarillas no se le puede argumentar en contra: no podemos decir (todavía) que someta a un riesgo o a un perjuicio al paciente. Aunque se nos plantean dudas serias en caso de que el sujeto tenga (en ese momento o en el futuro) alguna enfermedad en la retina.

Por otra parte, al que se decide a poner lentes transparentes tampoco le podemos poner ninguna pega: el filtro amarillo no protege la retina, y los estudios epidemiológicos apoyan fuertemente esta postura.

Entonces, ¿qué es lo correcto?. Si sólo hablamos de evidencia científica, no hay una respuesta. Por eso existe todavía una gran controversia: los datos objetivos son los mismos, pero las conclusiones que se pueden sacar para la práctica varían de unos a otros autores.

Hay que buscar la respuesta utilizando algo más que los datos empíricos que tenemos hasta ahora. Muchos oftalmólogos buscan (buscamos) en los principios básicos de la Medicina. Concretamente en aquello del primum non nocere. Es decir, “primero no dañar”. Tenemos mucha experiencia con las lentes transparentes. Van muy bien, sabemos el beneficio que ofrecen al ojo. Si vamos a cambiar una herramienta que conocemos mucho y tiene buen resultado, deberá ser por otra que sea mejor. La que debe demostrar que es mejor es la nueva herramienta, sobre todo si con la antigua estamos contentos. Asumir un riesgo, o por lo menos una incertidumbre, frente a un beneficio potencial que no se sostiene, no parece razonable.

Ahora bien, una cosa es lo que el oftalmólogo puede entender que es mejor para su paciente, y otra cosa es lo que le dejen hacer.

URL: ocularis.es/blog/

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II Jornadas Científicas: “Retos en el Diagnóstico y Terapia de la Retinosis Pigmentaria”

Terrassa, 14 y 15 de marzo del 2012

Los pasados días 14 y 15 de marzo, tuvieron lugar en Terrasa, las II Jornadas Científicas “Retos en el diagnóstico y terapia de la retinosis pigmentaria”, organizadas por la Cátedra de investigación Bidons Egara, que coordina el Grupo de Investigación de Neuroprótesis y Neuroingeniería (NN-UMH) de la Universidad de Elche, del CIBER-BBN.

En el evento se reunieron investigadores internacionales junto a médicos y asociaciones de pacientes, entre ella Begisare, con el fin de abordar la enfermedad desde diferentes perspectivas y compartir las investigaciones en diagnóstico y tratamiento de enfermedades de la retina.

La cátedra Bidons Egara, fue creada por la Universidad Miguel Hernández de Elche en 2005, con el propósito de fomentar la investigación y contribuir a la difusión del conocimiento de la retinosis pigmentaria.

En la jornada sobre Diagnóstico  de las enfermedades degenerativas de la reitna: aspectos celulares, funcionales, genéticos y clínicos el afectado de RP J. Palá nos habló  sobre “El diagnóstico desde el punto de vista de los afectados”, el Dr. M. J. Rubio sobre “Estudio clínico de las alteraciones de la retina”, el Dr. M. Carballo de “Dsitrofias de la retina: detección de mutaciones” y la Dra. C. Ayuso de “Las DR y sus características en España”.

En la jornada sobre Tratamiento de las enfermedades degenerativas de la retina el afectado de RP A. Español nos habló sobre “Introducción histórica al tratamiento: el punto de vista de los afectados”, la Dra. A. Navea hizo una “Revisión crítica de los tratamientos actuales”, el Dr. N. Cuenca nos habló de las “Etapas y alternativas terapéuticas en el proceso de degeneración de la retina en la Retinosis Pigmentaria” y el Dr. A. Fernández del grupo farmacéutico Ferrer habló sobre “La investigación en colaboración: el cambio de paradigma en la I+D de nuevos medicamentos”.

En la jornada sobre Nuevas aproximaciones experimentales para el tratamiento de las enfermedades degenerativas de la retina el Dr. P. Garriga habló sobre “Alteraciones de los fotorreceptores: mecanismos moleculares”, el Dr. M. Avilés sobre “Neuroprotección de la retina”, Stuart Medina de ProRetina Therapeutics nos habló de “Nuevos fármacos para el tratamiento de las degeneraciones de la retina”, el Dr. J.L. Pedraz de “Células microencapsaludas y otras estrategias de liberación de fármacos a nivel intraocular” y la Dra. N. Montserrat sobre “Células madre de pluripotencia inducida (iPS): futuras aplicaciones en terapia celular”.

En la jornada en inglés sobre Avances en Prótesis Visuales el Dr. A. Alarcón nos habló sobre “Retos de las Prótesis Visuales: perspectiva general”, el Dr. Gislin Dagnelie sobre “La Prótesis Epiretiniana Argus II:  resultados preliminares”, S. Klauke habló sobre “Estimulación epiretiniana con un implante sin cables: resultados del estudio clínico EpiRet3”, el Dr. L. Humphreys sobre “Optogenética: una nueva aproximación para las prótesis visuales”, los Dres. Nigel Lovell y Gregg Suaning hablaron sobre “Una prótesis retiniana implantada en el espacio supracoroidal”, el Dr. E. Panetsos habló sobre la “Microestimulación eléctrica del tálamo visual” y el Dr. E. Fernandez sobre “Desarrollo de una neuroprótesis visual cortical para los ciegos”.

Por parte de Begisare acudieron la responsable médico y la presidenta de la asociación. También acudió el Dr. Javier Ruiz Ederra, principal investigador del proyecto de RP que el Instituto Biodonostia en colaboración con Begisare está llevando a cabo. Todos ellos tuvieron la oportunidad de conocer y contrastar opiniones con los asistentes a las jornadas, lo cual les fue de gran provecho.

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Fármacos no recomendados para personas con retinosis pigmentaria

09.04.2012, www.retinosis.org

Dentro de las II Jornadas Retina Asturias se produjo un debate sobre medicamentos que pueden ser perjudiciales para las personas afectadas de retinosis pigmentaria.

De esa reflexión hemos realizado la siguiente lista. Se trata de los nombres de los principios activos y no de marcas comerciales.

Como siempre recomendamos consultar con nuestro especialista a la hora de tomar medicamentos y que lo hagamos siempre bajo prescripción médica.

El tratamiento de algunas enfermedades requiere a veces utilizar medicamentos o farmacos en principio no recomendados, pero hay veces que es inebitale el uso de estos, pero puede ser valorada la posible sustitución de estos farmacos por otros similares, ya que el daño puede ser producido no solo por toxicidad retiniana directa, sino también por mecanismos indirectos como elevación de la presión intraocular.

A continuación, os proporcionamos un breve listado de estos medicamentos:
Inhibidores de la 5-fosfodiesterasa usados en la disfunción eréctil, como el VIAGRA.
Isotretinoína y otros retinoides.
Fármacos antipsicóticos.
Antihistamínicos que contengan fenotiazinas.
Antiepilépticos, como la VIGABATRINA.
Antimaláricos, como la AMINOQUINOLINA.
Antagonistas de los receptores estrogénicos, como el TAMOXIFENO.
HIDROXICLOROQUINA, usada sólo en altas dosis y, empleada para el tratamiento del Lupus Eritematoso Sistémico y para la Artritis Reumatoide.
ETAMBUTOL, para tratamiento de tuberculosis.
LINEZOLID, como antibiótico.
AMIODARONA, usada para tratamiento de las arritmias cardíacas.
ANTIDEPRESIVOS, como los tricíclicos e enhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
AGONISTAS BETA 2 ADRENÉRGICOS: empleados para el tratamiento del asma y el EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y, el Salbutamol.

Aunque, os reiteramos que siempre se debe consultar con nuestro especialista a la hora de tomar medicamentos, que lo hagamos siempre bajo prescripción médica y, que nosotros no debemos cambiar un tratamiento sin supervisión médica.

URL: www.retinosis.org/?p=1100

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