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¿Son juguetes los láseres?

Es la fiesta grande de cualquier ciudad española. Iker está paseando con su familia esperando para ver los fuegos artificiales. Tiene 9 años. Está alucinado viendo los láseres circular por las fachadas de los edificios. Le hacen pensar en las películas de superhéroes e imagina lo divertido que tiene que ser jugar con uno, como los otros niños que ya los tienen. Cuando ve pasar un vendedor ambulante que los exhibe, empieza a pedirlo insistentemente a sus padres. Estos ceden, al fin y al cabo no es mucho más caro (regateando se consigue por 10 euros) que un sombrero o unas gafas con bigote. Empieza a jugar con él y por curiosidad lo redirige hacia su ojo… y llega la tragedia: ¡Mamá no veo, hay una mancha violeta! Diagnóstico: lesión en la retina. Podría haberle ocurrido a Macarena, o a Jaume, o a María, son muchos los niños que he visto jugando con láseres.

¿Qué ha pasado? ¿No eran unos juguetes para niños? No, los láseres que se venden en las fiestas de pueblos y ciudades no son juguetes. Después de obtener uno, la medida en el laboratorio arrojó una potencia de 125 mW, que por el poco tamaño del haz del láser puede alcanzar fácilmente (en una estimación conservadora) una intensidad de 30 mW/mm2 incluso a distancias de unos cuantos metros. Pero los números son muy áridos, por eso es mejor comparar con una referencia: la intensidad recibida si miramos directamente al sol es de “solamente” 1 mW/mm2. Es decir, mirar directamente la salida de uno de estos láseres es equivalente a mirar treinta soles ¡como mínimo! Es un error muy común pensar que un haz de luz es inofensivo, pero con estas intensidades ese error puede ser catastrófico y producir daños irreversibles en los ojos de muchas personas. Con la suficiente potencia un láser puede vaporizar materiales, y de hecho se utiliza, y mucho, en procesos industriales.

En función de su potencia los láseres se clasifican en diversas “clases” y cada una de ellas lleva asociada una serie de medidas de seguridad para prevenir accidentes. Con los valores indicados más arriba los láseres que se están vendiendo se corresponden con la clase 3B, que los hacen peligrosos en impacto directo (la pérdida de visión puede llegar a ser permanente). Son equipos cuya venta está regulada y deben cumplir una serie de requisitos, como por ejemplo en lo que se refiere a su etiquetado sobre advertencias de peligros para la salud. En cambio los que se venden en las fiestas de las ciudades se entregan en muchos casos “desnudos,” únicamente el puntero.

URL:   www.eldiariomontanes.es

 

 

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